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sábado, 14 de abril de 2018

Grana cochinilla

Media noche de ojos despiertos, así pasa. Entro a este blog como para acordarme qué hay. Encuentro en borradores el título "Grana cochinilla". Recuerdo que fui a la exposición Rojo Mexicano que se presentó hace no mucho en el Palacio de Bellas Artes. Recuerdo de súbito que en el camino de regreso pensé escribir sobre la expo. Laguna mental después. No recuerdo haber entrado aquí y escribir el título. Pero así fue. Sólo el título, ni una palabra más.

¿En qué habré pensado escribir? Mi yo de esta media noche no tiene idea. Quizá iba a escribir sobre la domesticación. La grana cochinilla es un bichito domesticado. De los pocos en el mundo. Las poblaciones domesticadas son más gordas y tienen más rojo que las silvestres. Quizá.

O quizá iba a escribir sobre el arte y la ciencia, las cuales, caso raro, estaban conciliadas en esa expo. La historia de la grana cochinilla en el arte contada de la mano de la ciencia que permitió armar una exposición así. Desde los primeros dibujos en describir su biología hasta las técnicas fisicoquímicas para determinar si obras famosas la habían empleado. Imágenes de moléculas en la misma sala que un van Gogh. Me encantó.

Quizá iba a escribir de eso. O del placer de ir a un museo. O de otra tangente en torno a Dactylopius coccus.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

#AyudaEnBici: las bicicletas que rodamos ante el caos vial del 19S

Las y los ciclistas de la Ciudad de México fuimos uno de los grupos que se levantó en las horas críticas tras el sismo del 19 de septiembre del 2017.

Pedaleamos en todos los sentidos, recorrimos frenéticas la ciudad de Chapultepec a Xochimilco. Llevamos y trajimos las mochilas retacadas, frenamos en una ubicación desconocida sólo para verificar si era cierto que se había colapsado un edificio. Éramos cientos ¿miles? de bicicletas con sus ciclistas abordo.

No éramos un hormiguero pisado. Éramos una red de individuos y contingentes que pusimos nuestras piernas y nuestras bicis al servicio de quién necesitaba lleváramos herramientas, comida o medicamento a donde el tráfico estancado y las calles cerradas no lo permitían.

Algunos salimos desde la primera noche. A los primeros centros de acopio que brotaron en las redes sociales en medio de las delegaciones sin luz ni semáforos.

Algunas respondimos a múltiples tuits de "se requieren ciclistas mañana en Estela e la Luz":


Otros rodamos con los grupos ya organizados de @Bicitekas, @AcopioEnBici o nuestro grupo de ciclistas amigos:


A otros nos reclutó @Verificado19s para rodar a donde había duda sobre la información, o seguimos su hashtag para ver dónde se necesitaban nuestras llantas:

 Otros acudimos al llamado para hacer rondines de y desde hacia CU:





 Las motocicletas se unieron también. Nos complementamos con esas que guardamos cierto recelo secreto. Ellas fueron más rápidas y más lejos, pero ahí donde los puños pedían silencio apagaron sus motores y le cedieron el paso a nuestras ruedas.


Estábamos por todos lados, llegamos a todos lados y los coches nos cuidaron y respetaron.



En biología decimos que la diversidad de especies ayuda a la resiliencia de los ecosistemas, es decir a que regresen a su estado inicial después de una perturbación. Quizá tener una movilidad diversa ayude también a la resiliencia de las ciudades ante desastres que están pensadas solo para automóviles.

La #AyudaEnBici fue posible y efectiva no sólo por las ganas de ayudar desbordadas de la juventud, sino porque en la CDMX algo ha cambiado en la última década: ya hay ciclovías e infraestructura, ya hay mucha gente que rueda al trabajo, o por lo menos que sale los domingos al Muévete en Bici, y que por ende sabe que se puede cruzar la ciudad en dos ruedas y se sabe capaz de pedalear con las alforjas cargadas a tope.

Ojalá que se construya un Museo de la Memoria de los Sismos en México (que no solo en la CDMX). Ojalá que dentro de eso que recordemos esté que la cultura de la bici no es un capricho para ciclistas, sino parte de la resiliencia de la CDMX ante los momentos de crisis.

#FuerzaMéxico

miércoles, 30 de agosto de 2017

Debería escribir mi reporte anual, pero me seducen los frijoles silvestres

He dedicado buena parte del día, que ya se convirtió en noche lluviosa, a escribir mi reporte anual de Cátedras CONACYT. Debería continuar, no he terminado. Ya está el esqueleto, pero debo agregar los detalles. Enumerar los talleres, describir las actividades. Decir con palabras profesionales qué tanto ha avanzado el proyecto. Va bien, queridos revisores, va bien.

Tan va bien que pasé de tener a los parientes silvestres de los cultivos mexicanos como un recurso bibliográfico en algún cajón de mi cerebro, a dejarme seducir por los frijoles silvestres. Ahí están, en el Bosque de Tlalpan por ejemplo. En medio de la Ciudad de México, evolucionando al margen del camino por el que a veces vamos a correr.

Miren, Phaseolus coccineus (el sabrosísimo ayocote) crece como una mancha verde y voraz, que benévola regala néctar en sus lustrosas flores rojas:




Igual de bonitos son los Phaseolus coccineus subespecie striatus, que se distinguen por tener las flores rosas:


Pero luego están estos que ni son rojos, ni son rosas y quién sabe si serán híbridos:


 Y estos que de plano son de un color que ni el experto en frijoles silvestres de México había visto:


Por supuesto a las abejas parece no importarles la cama de carmín.


 Aunque quizá sí les importe toparse con una flor con cazador incluido:


Y como a esa araña no la pude enfocar bien, les regalo mejor a este "señor del suéter gris", como le dice Alfonso Delgado a Xylocopa tabaniformis azteca. La flor es una Dahlia. 


Ya son suficientes fotos por lo pronto, pero les dejo este Proyecto de Naturalista donde queremos recopilar más observaciones de parientes silvestres de los cultivos mexicanos.